
- ¡Lo que hay que ver, hija!
- Ay, si mi marido levantara la cabeza ...
- Es que hoy da todo igual, da igual ocho que ochenta, es lo mismo ser hombre que mujer, o mitad y mitad, llaman familia a gente que se junta y eso le dura tres días, claro que eso también pasa con los que se casan por la Iglesia o en el Juzgado, hoy el matrimonio no es para toda la vida, sino a tiempo parcial ...
- La culpa es de la televisión, de esos programas basura, donde vale todo y la gente va a contar sus lios, que si ahora me junto con éste y dejo al otro y luego me vuelvo a juntar. Bueno, mucho de culpa también la tienen los profesores, que no enseñan como antes, ahora son muy blandos y no exigen a los chicos desde pequeños la disciplina, la educación ...Y no te quiero decir de esos padres y esas madres que nunca están en casa, los niños solos y, claro, así cómo se van a educar. O el Gobierno, con esas leyes, que llaman progresistas, pero que son en el fondo un retroceso de la humanidad.
- Pero lo peor de todo es que dos hombres y dos mujeres se puedan casar y que eso se llame matrimonio, como lo nuestro, que fue como Dios manda, con hombres hechos y derechos, con todo en regla, delante del Cura y todo con formalidad.
Hablaban y hablaban las dos señoras, no en voz muy alta, pero sí lo suficiente como para que los que estábamos cerca de ellas en el vagón del metro de la línea 1 nos pudiésemos enterar. Es más, yo creo que tenían interés en que mi amiga Sara y yo, que íbamos a clase, nos enteráraramos bien de lo que estaban hablando y de cómo estaban dejando las cosas claras. Vamos, que trataban de dar su lección, ahora que tenían la oportunidad de hablar a un auditorio joven, aunque sólo estuviese representado por mi amiga y por mí.
La verdad es que, tanto Sara como yo no perdíamos ni ripio de lo que las emperifolladas señoras estaban diciendo. Pero no acertaba a entender cómo tan temprano les había dado tan fuerte como para hilvanar todo un discurso moral sobre lo divino y lo humano ... De pronto, me dí cuenta de que unos metros más allá, hacia el fondo del vagón había dos chicos, más o menos de nuestra edad, cogidos de la mano, hablaban, se reían, se hacían confidencias y me dio la impresión de que también se besaban con toda naturalidad.
Creo haber leído en alguna ocasión que la gente que se muestra tremendamente hostil contra la homosexualidad son, en el fondo, personas reprimidas en sus afectos y en su propia sexualidad. No sé si será cierto, pero no estoy segura de que sólo sean personas mayores las que se muestran intolerantes ante la orientación sexual de determinadas personas, ante quienes son distintos de la mayoría, precisamente por esa orientación. También hay jóvenes intolerantes y nada respetuosos frente a esas diferencias.
Las señoras se bajaron en una estación anterior a la nuestra. Sara y yo tuvimos ocasión para comentar, a lo largo del día, la escena de la mañana en el metro, mientras, como cada día del
año, convivimos con mucha gente joven, entre quienes hay algunos que tienen orientaciones sexuales distintas a las de la mayoría. Son personas, son distintos. Algunos de ellos se cuentan entre nuestros amigos.
- Ay, si mi marido levantara la cabeza ...
- Es que hoy da todo igual, da igual ocho que ochenta, es lo mismo ser hombre que mujer, o mitad y mitad, llaman familia a gente que se junta y eso le dura tres días, claro que eso también pasa con los que se casan por la Iglesia o en el Juzgado, hoy el matrimonio no es para toda la vida, sino a tiempo parcial ...
- La culpa es de la televisión, de esos programas basura, donde vale todo y la gente va a contar sus lios, que si ahora me junto con éste y dejo al otro y luego me vuelvo a juntar. Bueno, mucho de culpa también la tienen los profesores, que no enseñan como antes, ahora son muy blandos y no exigen a los chicos desde pequeños la disciplina, la educación ...Y no te quiero decir de esos padres y esas madres que nunca están en casa, los niños solos y, claro, así cómo se van a educar. O el Gobierno, con esas leyes, que llaman progresistas, pero que son en el fondo un retroceso de la humanidad.
- Pero lo peor de todo es que dos hombres y dos mujeres se puedan casar y que eso se llame matrimonio, como lo nuestro, que fue como Dios manda, con hombres hechos y derechos, con todo en regla, delante del Cura y todo con formalidad.
Hablaban y hablaban las dos señoras, no en voz muy alta, pero sí lo suficiente como para que los que estábamos cerca de ellas en el vagón del metro de la línea 1 nos pudiésemos enterar. Es más, yo creo que tenían interés en que mi amiga Sara y yo, que íbamos a clase, nos enteráraramos bien de lo que estaban hablando y de cómo estaban dejando las cosas claras. Vamos, que trataban de dar su lección, ahora que tenían la oportunidad de hablar a un auditorio joven, aunque sólo estuviese representado por mi amiga y por mí.
La verdad es que, tanto Sara como yo no perdíamos ni ripio de lo que las emperifolladas señoras estaban diciendo. Pero no acertaba a entender cómo tan temprano les había dado tan fuerte como para hilvanar todo un discurso moral sobre lo divino y lo humano ... De pronto, me dí cuenta de que unos metros más allá, hacia el fondo del vagón había dos chicos, más o menos de nuestra edad, cogidos de la mano, hablaban, se reían, se hacían confidencias y me dio la impresión de que también se besaban con toda naturalidad.
Creo haber leído en alguna ocasión que la gente que se muestra tremendamente hostil contra la homosexualidad son, en el fondo, personas reprimidas en sus afectos y en su propia sexualidad. No sé si será cierto, pero no estoy segura de que sólo sean personas mayores las que se muestran intolerantes ante la orientación sexual de determinadas personas, ante quienes son distintos de la mayoría, precisamente por esa orientación. También hay jóvenes intolerantes y nada respetuosos frente a esas diferencias.
Las señoras se bajaron en una estación anterior a la nuestra. Sara y yo tuvimos ocasión para comentar, a lo largo del día, la escena de la mañana en el metro, mientras, como cada día del
año, convivimos con mucha gente joven, entre quienes hay algunos que tienen orientaciones sexuales distintas a las de la mayoría. Son personas, son distintos. Algunos de ellos se cuentan entre nuestros amigos.
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