lunes, 13 de abril de 2009

NO VER NI OIR

Marina acaba de cumplir 59 años. Es la vicepresidenta nacional de la asociación de personas sordociegas, vinculada a la ONCE. Un día de primeros de Mayo de 1971, entró en el quirófano de un centro samenitario de Granada para ser intervenida de un mioma benigno, alojado entre las vértebras cervicales y, tras despertar de la anestesia, nunca más volvió a ver. Desde hace aproximadamente unos 10 años, ha ido perdiendo paulatinamente la audición en ambos oídos, a causa de una enfermedad no claramente diagnosticada, pero que, en opinión de los especialistas, puede ser de tipo inmunológico. Con ayuda de sofisticados audífonos, un tipo de habla clara y pausada y acercándonos mucho a su oído derecho, nos puede oír algo a quienes nos relacionamos con ella.

Hoy me siento a su lado, le cojo sus manos entre las mías y nos disponemos a charlar durante un rato:

- Marina, cuando tú perdiste la vista, tenías más o menos la edad que yo tengo ahora. Luego has perdido un porcentaje muy alto de audición. Es un poco duro lo que te voy a peguntar, pero tengo confianza para hacerlo: De los dos problemas, ¿cuál ha sido el más importante?

- Rocío, puedes preguntarme lo que quieras y te voy a responder a esto con un “depende”. Cuando perdí la vista fue un trauma horrible, yo entré al quirófano viendo y, al despertar del postoperatorio, me di cuenta de que no veía. Tardé mucho tiempo en aceptar no sólo el hecho de aceptar que me había quedado ciega, sino sobre todo las consecuencias. Pero me fui acostumbrando, me vine a Madrid a trabajar en la ONCE, logré ser profesora de Inglés (carrera que había estudiado, los 3 últimos años ya sin ver) en el colegio de esta institución, aprendí a andar por las calles de Madrid, ayudada de mi inseparable bastón. Detrás de todo eso, hay mucho sufrimiento acumulado, aunque yo traté de salir adelante y me relacionaba con mucha gente, iba a conciertos, teatros, incluso al cine … Parecía que, dentro de todo, las cosas estaban encarriladas y pasaba ratos estupendos con la familia y con los amigos. Incluso me fui a vivir sola a un piso que compré y pude hacer viajes al extranjero, con una estancia de varios meses en Londres. Estaba disminuida, pero relacionada. Lo del oído no fue de repente, sino poco a poco y creo ahora que me ha llevado a sentirme mucho más sola. La falta de oído me ha aislado y actualmente lo experimento como un problema mayor que la falta de visión.

- ¿Cómo ha sido la reacción de la gente cercana ante estos dos problemas tuyos?

- De los cercanos, la familia ha sido y es mi principal apoyo. De los “amigos” habría mucho que decir … No quiero ser negativa, pero sí sincera contigo y decirte que, al principio, parece que todo el mundo se vuelca y luego, poco a poco, muchos se van retirando y te quedan dos o tres personas a las que puedas considerar amigos de verdad. Yo creo que la mayoría de las personas huye del sufrimiento, no se quieren asomar al mundo del dolor y de la dificultad. Tal vez admiren tu fortaleza, pero … desde lejos.

- (De vez en cuando, tengo que acercarme mucho al oído “menos malo” de Marina y repetirle lo que le he preguntado, e incluso “escribirle” en la palma de su mano alguna palabra más difícil, o que no acaba de apreciar bien). ¿Cómo te las arreglas para vivir sola, cocinar, incluso conjuntar la ropa que te pones, tú que eres tan coqueta?

- Todo es cuestión de organizarse y de ser muy cuidadosa y ordenada. Al cabo del tiempo, me he ido inventando trucos y estrategias para saber dónde tengo cada tipo de ropa, con su forma y color. Mi madre y mi hermana me han ayudado a organizarme y a poner cada cosa en su sitio, de modo que todo me resulte más fácil. En la cocina, también tengo mis trucos para distinguir los distintos mandos y lo mismo hago con el frigorífico o la lavadora. Y, para comer, bueno, tú me has visto, imagino siempre el plato como si fuera la esfera de un reloj … y siempre hay alguien al lado, que me dice si me queda una patata, o un trozo de fruta a las cinco o a las seis.

- Marina, como te he dicho, estoy escribiendo un blog con temas de personas que son “distintas” de la mayoría, por cualquier motivo. ¿Tú, realmente, te sientes distinta, o son los demás los que, con sus reacciones, hacen que te sientas distinta?

- Claro, yo no puedo dejar de pensar que tengo dos importantes limitaciones, de lo contrario sería loca o imprudente. Pero lo que no me gusta es que la gente me tenga lástima, o que me proteja excesivamente. Me agrada, y espero de los demás, que me traten con normalidad, que me ayuden cuando se lo pida o, mejor aún, que caigan en la cuenta de que tienen que adaptarse a la relación conmigo, pero sin necesidad de que, de una u otra forma, me estén todo el tiempo recordando mi “diferencia”. Sé que no siempre resulta fácil hacerlo así, pero cuando de verdad me siento cómoda es comprobando que los demás se relacionan conmigo de manera natural.

- Muchas gracias, Marina, por este rato y por haber permitido que me meta un poco en tu intimidad. Sólo quiero que sepas que yo soy de las que te miro con normalidad y así me gustaría tratarte siempre que nos veamos. Otro día podemos seguir la conversación, porque me quedan muchas cosas que preguntarte, aunque lo mejor sería que escribieras un libro con todas tus experiencias. Estoy segura de que pueden ayudar a mucha gente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario